miércoles, 30 de diciembre de 2009

Mejorar


Cuando el mundo entienda que solo los afectos importan, y que el resto es solo palabrería de personajes que no tienen que ver con la realidad, en ese momento... las cosas van a ser mejores.

"When all soldiers lay their weapons down or when all kings and all queens relinquish their crowns"

Siempre empezando algo pongo todo de mí para que vaya lo mejor posible. Y cuando llega el comienzo de año espero que todo mejore, a veces se dá. Algunas cosas mejoran, pero la balanza de la realidad es muy hijadeputa... Y siempre nos quita algo...

En mi caso, el año que se va estuvo bueno, pero subo la apuesta ---> M E J O R A R.

"Que pasaria si lo que estás pasando es lo mejor que vas a tener? Serías un estupido si no lo quisieras hacer durar..."

Sinceramente,

F E R

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

La sensación era la misma que cuando se rompe algo vidrio, pequeños pedacitos por todos lados, pero de adentro, de alma, color y gusto…

Ver la espalda de Carla, desnuda, frente al espejo, buscando en algún neceser las hebillas que siempre usó. Verla sostenerse el pelo hasta lograr su cometido… eso significaba solo una cosa: DESPEDIDA.

El clima de ese mediodía en España era raro. Nublado, húmedo, muy Buenos Aires. O al menos como yo lo recordaba. Lo único que guardaba de ese lejano lugar comenzaba a vestirse para no desvestirse frente a mi nunca más.

Ninguno de los dos lo había dicho, ni siquiera insinuado. Pero el ambiente lo sugería, lo susurraba a los oídos, esos que viven protegidos, que son intocables, pero solo para el resto. Porque eran de mi propiedad, al menos hasta esa mañana.

Ella sabía que las cosas que habíamos dicho no eran cercanas a la realidad, pero se asemejaban a la realidad que queríamos construir, por separado, pero realidad al fin. Sabía que esa noche no habíamos hecho el amor, sino que habíamos querido encontrar en nuestros cuerpos la excusa para no terminar alejados. Y también sabía que no habíamos triunfado en lo que buscábamos.

Podría describir el aroma de su cuello… pero yo sabía que lo único que me hacía era daño. Que ese aire que respiraba en esos años se enrarecía cada vez más. Me contaminaba, me afectaba e infectaba.

Cuando por fin me miró, no pudo decirme una sola palabra, solo volvió a suspirar por los momentos que ya no tendríamos. Por los lugares que no visitaríamos, por Japón, por nuestras vidas y por nuestras muertes.

Interiormente sabía que explotaría, pero la incertidumbre mata, y no pude evitar ser yo quien proponga batalla:

-Apurate a dejarme solo, y no te des vuelta nunca más, no espíes por sobre el hombro- le dije

-Yo ya no estoy, y nunca estuve… no soy más Octavio, invéntame otro nombre, alguno mejor

-Uno que realmente te llene, te satisfaga y te haga reír…

Estaba cerrando la maleta, no había ya nada de ella a mí alrededor. Pero todo era ella, las paredes, los sillones, los recuerdos…

Antes de irse, y después de escucharme gritar las entrañas de rabia, me miró… Dios, esa mirada, la que ustedes conocen, la indescriptible mirada que refleja una vida frente a vos, que deja helado, que hace temblar, que supone arrogancia y ternura a la vez…

-Nunca te mentí- dijo sonriendo, como si quisiera justificarse por algo. Como si quisiera defenderse en el juicio que afrontaba por hacer mi vida tan plena y vacía a la vez.

-Yo soy esta, y ya no me tenés. Pero tampoco te tengo, nunca me dejaste tenerte, nunca me dejaste cuidarte, nunca me dejaste ser- gritó, esta vez llorando.

Pero con Carla no se puede saber que es realidad y que no, ustedes saben.

Me beso por última vez, tomo su chaqueta, y se fue en silencio…

Junté los pedazos de alma que quedaron esparcidos por la habitación y me recompuse con un trago de JB.

La carta que me había dejado escondida debajo de la almohada fue el tiro de gracia, el remate en la nuca para un cuerpo medio muerto, el último dolor que me iba a durar años, la salvación de los cobardes, el retiro de los valientes. Carla me hacía saber una vez que quien dirigía era ella, y yo solo un acorde más en la canción que ella misma había compuesto. Las palabras más certeras, hirientes, rojas como sangre, parpadeantes de ojos irritados por el humo:

“Los chicos que no lloran nunca creceran"






No hay comentarios:

Publicar un comentario