lunes, 18 de enero de 2010

No volver a ser...

Tal vez era hora de mostrar otra parte suya, esa parte que nadie puede describir, esa parte tal vez oculta, y tan oculta como predecible.
Tal vez las cosas ya se tornaban obvias y el dolor era banal.

Entonces todo dejo de ser divino, todo dejo de ser perfecto y paso a ser asquerosa y hermosamente humano, se le gastó esa vida de poema que lo mantenía vivo, esa cosa de las posibilidades de los juegos de los otros, en nosotros. Y si bien yo nunca me había entregado del todo a ese juego del que uno sale como poco en mil pedazos, él, Octavio, recién hoy se lo sacaba de los ojos y me reconocía que sabía que yo nunca había creído del todo en esas posibilidades.

Durmió hasta más no poder y cuando despertó, y aun estaba en las escalinatas, lloró. Se sintió extraño. Tenía la mirada como chorreándole, ya me estaba abandonando, la cara cada vez más normal y los barquitos ya por los últimos escalones.

Nadie pensaba que fuera a morir, todos creíamos que resistiría un tiempo más como siempre lo había hecho. Pero esta vez sobrepasados y hasta culposos, nos sentimos vacíos. Había muerto del todo, había perdido aquello que parecía generar adentro suyo a suerte de fotosíntesis; todos esos símbolos, toda esa vida de poema.

Me acerqué, lo abracé y lo llame por su nombre - Octavio! - mientras lo lloraba, mientras entendía que eso no era ni Yokosuka, ni una fiesta, ni una cama. Mientras la sal y el mar nos llenaban de ese implacable e inconfundible gris japonés.

No volvió a ser él nunca más…

No volvió nunca más…



Hoy me acordaba que hace mucho que no te recuerdo.
..
Hoy despues de mucho pensé que ya no te pienso...
Hoy vi a la distancia el tiempo en que te veia...


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