Lejos no siempre había significado lo mismo en mi vida.
Y en estos días cercanos al final del año solo se le parecía la palabra despojo.
La relativa falta de los que ya no estaban se acentuaba para dejar de ser relativa y pasar a ser absoluta... Alguna vez pensé que solo estaría mejor cuando yo también le falte a alguien. Cuando pase a formar parte de los que ya no estaban.
Hacía meses que no sabía nada de ella, y por supuesto hacía tiempo que formaba parte de ese grupo. No por realidad sino por sentimientos. Por enterrarla.
Pero como ya saben, Carla siempre se las arregla para resucitar... Y ese fin de año no fue la excepción.
Desperté ese viernes acalorado, rogando lluvia y mordiendo bronca, sin siquiera pensarla. Sin asociar el calor de ese diciembre con los otros que habíamos vivido juntos. Y por vividos digo llorados, sufridos, peleados, reídos....
Camine un rato y la recordé.... “Caía muy lenta la madrugada... Afuera llovía y no se veía nada“. La veía disfrutar...
Camine por el costado del bosque como siempre, Miller en mano, y al doblar en la esquina sentí su perfume... Me envolvía...
La busqué en vano, mire mas allá de mis ojos esperando que apareciera...
Volví a casa, pero me senté en la escalera, afuera, para verla llegar...
Puse la cama al lado de la ventana como a ella le gustaba, y me recosté... Contando horas se hizo de noche.
Me despertó el teléfono, pero no quería atender, no quería estar para nadie.... Así que me levante y salí.
Otra Miller en el bar de Tom para matar el calor de la madrugada. Buke decía que la vida comienza y termina en un bar, y yo le creo...
La uñas de Carla en mi nuca me hicieron saber que, en mi caso, mi vida estaba recomenzando en un bar... Y como otras tantas iba a terminar también en un bar, cuando ella volviera a irse.
Nos miramos de esa forma que a ella no le gusta, le dije las cosas que sabían que la iban a poner incomoda...
Ella solo dijo: porque no atendes el teléfono cuando te llamo?
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