El hecho de haber visto tantas cosas en los últimos tiempos, no me hacían ni mejor ni peor persona… solo me hacía más YO.
Jamás se me hubiera cruzado hacerme problemas. Menos por una mujer. Y ella no entraba en ese grupo. “Mujer” le quedaba grande. Para esa clase de pseudo-persona no había adjetivo calificativo que le quedara bien.
Asi que hice lo que sabía hacer.
Olvidarme.
Siempre supe que mi nombre conllevaba una carga de maldad. Y la estaba ejerciendo, sin preguntas, sin remordimiento, sin temor a consecuencias… O al menos esta era mi idea.
La Familia decía que mi nombre tenia que ver con el “resucitado”. Con el que Jesús hizo levantar del cajón.
Pero yo no lo creía asi… Para mi, significaba… bueno, ustedes saben…
Que como me llamo?
Lázaro, obviamente…
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