Ichiri no hana...
Lleva tiempo desarrollar ese tipo de cuestiones,
entenderlas, asimilarlas, lidiar con ellas.
Lo digo desde mi propia experiencia:
vivida, dolida, soñada, torturada, reída...
Y lo más triste, es que no perdura.
Sino que pasa por delante
como una brisa que despeina.
Pero a la vez, refresca, te hace respirar,
como el frio del invierno,
como la nieve,
como Japón...
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